La clase ociosa por Thornstein Veblen (Teoría de la clase ociosa)

La clase ociosa
por Thornstein Veblen (Teoría de la clase ociosa)
Thornstein Veblen fue un economista y sociólogo estadounidense para quien las sociedades humanas dejaron atrás un estado salvaje y apacible para dar paso a un estado de rapacidad brutal, donde la lucha es el principio de la existencia. Deriva de ahí una diferenciación entre una clase ociosa y una clase trabajadora, que perduró a medida que la sociedad evolucionó hacia fases menos violentas. Pero la posesión de riqueza siguió siendo el medio de diferenciación. No cabe duda de que una parte de la producción de bienes responde a fines útiles y satisface las necesidades concretas de la existencia. Pero el nivel de producción necesario a esos fines se alcanza muy fácilmente. Y, después de este nivel, el excedente de producción es generado por el deseo de ostentar las riquezas con el fin de distinguirse de los demás. Esto alimenta un consumo ostensible y un dispendio generalizado:

«Se sostiene convencionalmente que el fin de la adquisición y acumulación es el consumo de los bienes acumulados. Al menos, se cree que ésta es la finalidad económica legítima de la adquisición, única que la teoría debe tomar en cuenta. Puede, desde luego, concebirse tal consumo como encaminado a satisfacer las necesidades físicas del consumidor —su comodidad física— o las denominadas necesidades superiores —espirituales, estéticas, intelectuales, etc—; la última clase de necesidades se satisface indirectamente mediante un gasto de bienes en la forma que es familiar para todos los lectores de obras de economía.
Pero sólo cuando se toma en un sentido muy alejado de su significado ingenuo puede decirse que ese consumo de bienes ofrece el incentivo del que deriva invariablemente la acumulación. El móvil que hay en la raíz de la propiedad es la emulación. La posesión de la riqueza confiere honor; es una distinción valorativa (invidious distinction). No es posible decir nada parecido del consumo de bienes ni de ningún otro incentivo que pueda concebirse como móvil de la acumulación y en especial de ningún incentivo que impulse a la acumulación de riqueza.
Por otra parte, por lo que respecta a aquellos miembros y clases de la comunidad ocupados principalmente en acumular riqueza, el  incentivo de la subsistencia o la comodidad física no desempeña nunca un papel considerable. La propiedad nació y llegó a ser una institución humana por motivos que no tienen relación con el mínimo de subsistencia. El incentivo dominante fue, desde el principio, la distinción valorativa unida a la riqueza y, salvo temporalmente y por excepción, ningún otro motivo le ha usurpado la primacía en ninguno de los estadios posteriores de su desarrollo.
En cuanto la posesión de propiedad llega a ser la base de la estimación popular, se convierte también en requisito de esa complacencia que denominamos el propio respeto. En cualquier comunidad donde los bienes se poseen por separado, el individuo necesita para su tranquilidad mental poseer una parte de bienes tan grande como la porción que tienen otros con los cuales está acostumbrado a clasificarse; y es en extremo agradable poseer algo más que ellos. Pero en cuanto una persona hace nuevas adquisiciones y se acostumbra a los nuevos niveles de riqueza resultantes de aquéllas, el nuevo nivel deja de ofrecerle una satisfacción apreciablemente mayor de la que le proporcionaba el antiguo.»

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